Antiguamente, en los pueblos de la península ibérica, al caer la tarde en verano era costumbre salpicar con agua, las aceras, el suelo o el patio familiar, metiendo la mano en forma de cuchara en un cubo o balde y sacándola muy seguido y rápido para rociar con animo de refrescar. Esa técnica recibía el nombre de "baldear". El olor a tierra mojada el aroma de los jazmines y el canto de las chicharra, producían un ambiente sereno y fresco apto par la confidencia, intrascendente. Años más tarde comprendí que de una forma "intuitiva" la sabiduría popular había aplicado una especie de limpieza eterica en la técnica del baldeo, de ahí el ambiente fresco y relajante que ese método producía. El agua fresca al caer sobre la tierra combina elementos dispares, que energetizan el ambiente y lo limpian de la carga pesada. No sabemos muy bien si la costumbre del baldeo procede de América o de España pero en cualquier caso los dos países a pesar de la distancia lo hemos usado de igual manera. En Hispanoamérica a la limpieza energética lo llaman "riego" , y baldean salpicando las paredes y el suelo con el agua previamente preparada con hierbas y colonia a fin de "limpiar".


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